Pluma

“24 horas para el Señor”

 

Queridos diocesanos:

 

En el camino de la Cuaresma que empezamos hace unos días, el Papa Francisco nos propone también este año a toda la Iglesia, las “24 horas para el Señor”. Un día entero con el Santísimo Sacramento expuesto y con los sacerdotes disponibles para la celebración del sacramento de la misericordia.

 

El Señor nos concede este tiempo de la Cuaresma para redescubrir a su Hijo Jesús. Le contemplamos en su peregrinación a Jerusalén, en la Última Cena con sus apóstoles, en el Huerto, uniendo su voluntad a la del Padre, en el camino hacia el Calvario, y por fin en la cruz, entregando su vida completamente. Cristo, que desde la oscuridad del sepulcro, atraviesa la muerte y llega a la Resurrección. Esta es nuestra conversión: redescubrir a Jesús, muerto y resucitado por nosotros.

 

Las “24 horas para el Señor” son un momento privilegiado de la Cuaresma: el Papa nos propone que adoremos al Señor, realmente presente, con su cuerpo, con su sangre, con toda su humanidad y toda su divinidad. Como si se tratara de una medicina realmente eficaz, somos invitados a la adoración, para que fijando la mirada en Cristo Eucaristía, la vayamos retirando de los ídolos donde tantas veces la posamos. Nos puede suceder también que seamos nosotros los que ocupemos el espacio de Dios en nuestra vida, y quizá haya ocasiones en los que nos adoremos a nosotros mismos: nuestros gustos, nuestras opiniones, nuestras decisiones, nuestros deseos. En la relación con Dios, el hombre es verdaderamente afirmado, pero no por sí mismo sino por Él, que lo quiere como un Padre quiere a su hijo. Por eso, precisamente por eso, la adoración a la que nos invita el Papa, puede ser la medicina más adecuada para que sea el Señor quien sea reconocido como Dios, y nosotros, vivamos como hijos suyos queridos.

 

Creo que vale la pena caer en la cuenta de un detalle importante: son 24 horas seguidas, sin interrupción: una jornada completa. Se podrá acudir a la adoración durante todas las horas del día. Muchos, así lo espero, se ofrecerán y comprometerán, y acompañarán al Señor durante el turno de adoración que se les indique. Otros aprovecharán momentos a lo largo del día en los que las ocupaciones y obligaciones se lo permitan. Pero el Señor permanecerá expuesto el día entero, porque al Señor le interesa todo lo humano, y así nosotros podremos entender mejor que está presente para todo lo nuestro: la incertidumbre sobre la jornada que empieza en la mañana, el cansancio del que ha trabajado durante el día, alegrías y penas, nuestras conversaciones e intereses, los desvelos de los enfermos o de los familiares que los cuidan. Todo lo humano es ocasión de encuentro con el Dios que se ha hecho presente y próximo.

 

El Papa Francisco espera que esta jornada sea también una ocasión en la que nos acerquemos al sacramento de la confesión. De hecho, el lema escogido para este año es “Misericordia quiero” (Mt 9,13). La presencia del Señor en la Eucaristía nos puede ayudar a reconocer de nuevo la presencia del Señor en la confesión. Es el mismo Cristo, lleno de ternura, quien nos espera para curar nuestras debilidades, porque nuestra relación con Él se favorece enormemente -se hace posible- cuando es Él mismo quien va sanando nuestros pecados. El que transforma nuestra oscuridad en mediodía es Jesucristo.

Os invito a todos a programar vuestro tiempo de adoración durante las “24 horas”. Especialmente en este momento histórico de “cambio de época” -como lo denomina el Papa-, ahora que el matrimonio y la familia se ven tan desafiados, y que la cultura va abandonando los resortes sobre los que se construyó y sobre los que se apoya la Europa que conocemos y reconocemos como nuestra, necesitamos sabernos acompañados por el Señor.

 

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente.

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