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Adviento, tiempo para la esperanza

Queridos Diocesanos:

Este domingo comienza el tiempo litúrgico de Adviento. Señala el Catecismo de la Iglesia católica que “al celebrar anual­mente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza la es­pera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ar­diente deseo de su segunda Venida”. El Adviento nos habla, pues, de una doble venida de Cristo. Por una parte, recordamos que Jesús nació en Belén y nos preparamos para celebrarlo en la Navidad. Por otra, se nos anuncia que Jesucristo volverá al final de los tiempos para llevar a total cumplimiento su obra de salvación y reconciliación de toda la creación. El Señor volverá y entonces quedará cumplido el tiempo de la historia y la Iglesia entrará en su plenitud. Leer más

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Por dignidad, nadie sin hogar

Queridos diocesanos:

El último domingo de noviembre se celebra cada año el “Día de las personas sin hogar “, coordinado por Cáritas española y, entre nosotros, alentado por Cáritas diocesana.  Este año lleva por lema “Por dignidad, nadie sin hogar”. Esta Campaña quiere sensibilizarnos ante la situación que sufren estas personas a todos: a las administraciones públicas, a los medios de comunicación, a la opinión pública, a las organizaciones financieras y sociales, y a nuestra propia Iglesia. Su objetivo es alcanzar un compromiso común para que todas las personas tengan un hogar. Quiere, además, ser una denuncia profética ante la lacerante realidad de tantas personas concretas que no tienen hogar y se ven privadas así de acceder al disfrute de derechos humanos básicos. Se calcula que en España hay 40.000 personas en esta situación. Leer más

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El Año de la Misericordia toca su fin

Queridos diocesanos:

El Año Santo de la Misericordia va tocando a su fin. El Papa Francisco cerrará la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro en el Vaticano el día 20 de este mes, Fiesta de Jesucristo, Rey del Universo; y así quedará clausurado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. En este momento recordamos al Papa con afecto y  reconocimiento por este gran don para la Iglesia y para el mundo que ha supuesto este Año Santo.

Nuestra Iglesia diocesana lo ha vivido de manera muy intensa. Aún están vivas en nuestra memoria y en nuestro corazón las hermosas celebraciones del Jubileo en la Catedral de Segorbe por zonas, la de los sacerdotes en la Misa Crismal, o la de los catequistas y profesores de religión; también recordamos con alegría la multitudinaria celebración del Jubileo de los niños en el Seminario Mater Dei, o la más íntima de los enfermos y mayores en la Basílica de Lledó, y, de modo especial, las celebraciones en las cárceles de Castellón y Albocasser, por citar sólo algunas de las muchas celebraciones en nuestra Diócesis. No menos intensas han sido las celebraciones más locales del Jubileo en la Basílica de El Salvador de Burriana, en Sta. Isabel y en San Jaime en Villarreal, en San Juan de Peñagolosa con motivo de la peregrinación de Culla.

Es la hora para la acción de gracias: Gracias damos, sobre todo, a Dios por tantos dones recibidos a lo largo del Jubileo. Ha sido un tiempo en el que hemos podido ver y experimentar, casi palpar en muchos casos, la misericordia infinita de Dios en muchas personas, que se han sentido la cercanía, el consuelo, la compasión, el perdón y la sanación de Dios; todo aquel que ha abierto su corazón al amor misericordioso de Dios, que se ha dejado conmover por la mirada misericordiosa de Dios en su Hijo Jesus, su misericordia encarnada, ha experimentado que Dios le ama personalmente y nunca le abandona. A través de las personas ha quedado agraciada y fortalecida toda nuestra Iglesia diocesana en sus comunidades, grupos, movimientos y asociaciones. Ha sido un verdadero año de gracia del Señor.

En este Año Santo hemos tenido la gran oportunidad de redescubrir y contemplar de un modo especial que Dios es misericordia, que misericordia es su nombre, su esencia, la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad; y que Jesucristo es la misericordia de Dios hecha carne: todo en Él nos habla de Dios “compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad”: su persona, su encarnación, sus palabras y gestos, su pasión, muerte y resurrección, todo nos habla de la misericordia de Dios que perdona y salva, que se compadece de nuestros males, que ama a cada uno y que no quiere que nada ni nadie se pierda, y que nos espera siempre con una paciencia infinita. En Cristo Jesús, Dios misericordioso sale a nuestro encuentro, y nos invita a acoger su misericordia en su Iglesia, para que nos dejemos transformar por ella, porque sólo así podremos ser misericordiosos como el Padre, personalmente y como Iglesia. Redescubrir todo esto significa para cada bautizado volver a abrirse a la gracia y a la misericordia de Dios, y dejarse abrazar y perdonar por Dios para que su fe y su vida cristiana se aviven, fortalezcan y purifiquen; redescubrirlo implica confirmar, confesar, vivir y anunciar esa fe que hemos recibido por pura misericordia de Dios.

Por todo ello, este Año Santo ha sido un tiempo de gracia; nos ha ofrecido una gran oportunidad para una sincera y autentica conversión a Dios, a Jesucristo y a los hermanos, para la renovación de nuestra fe y vida cristianas, y, finalmente, para la renovación pastoral y misionera de nuestra Iglesia y de nuestras comunidades.

Este era el deseo del Papa para este Jubileo: que fuera un “tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes” (MV 3) en un momento en que cristianos y comunidades estamos llamados a ser discípulos misioneros. Y la misericordia de Dios, acogida y vivida en el día a día, es el camino para salir con nuevo ardor a la misión siempre nueva de anunciar a Jesucristo.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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La Iglesia Diocesana, nuestra gran familia

Queridos diocesanos:

El domingo anterior a la Fiesta de Cristo Rey celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Es una ocasión muy apropiada para conocer un poco más a nuestra Iglesia diocesana, para sentirla y amarla como propia: es nuestra propia gran familia.

Nuestra Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón es la comunidad de fe, que formamos todos los cristianos católicos que vivimos en el territorio diocesano. Está presidida por el Obispo quien, como sucesor de los apóstoles y con la cooperación de los sacerdotes, la pastorea en nombre de Jesús, el Buen Pastor; nuestra Iglesia diocesana anuncia, celebra y realiza el Evangelio de Jesús, la Salvación de Dios, para todos. Está integrada por las comunidades parroquiales y por otras comunidades eclesiales, que son como células de un cuerpo mayor: la Iglesia diocesana; todas ellas serán células vivas y evangelizadoras, si están unidas en la comunión de fe, vida y misión de la toda la Iglesia diocesana; sólo así serán de verdad comunidades donde se anuncie, celebre y viva la comunión de Dios en la comunión fraterna, siendo así signo y sacramento de unidad con Dios y entre los hombres. Leer más

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Venerar a todos los santos y orar por los difuntos

Queridos Diocesanos:

Al inicio del mes de noviembre celebramos la solemnidad de todos los santos, el día uno, y la conmemoración de todos los Difuntos, el día dos.

La fiesta de Todos los Santos es ocasión propicia para elevar la mirada de las realidades terrenas, marcadas por el tiempo, a la dimensión de Dios, la dimensión de la eternidad y de la santidad, de la dicha y la felicidad para siempre. Este día nos recuerda que de todo bautizado está llamado a la santidad (LG 40). En efecto, Cristo, que con el Padre y con el Espíritu es el único Santo, amó a la Iglesia como a su esposa y se entregó por ella con el fin de santificarla. Con su muerte y resurrección han quedado definitivamente  vencidos el pecado y la muerte. Cristo ha resucitado como primicia de todos los que creen en él. Por esta razón, todos los miembros del pueblo de Dios estamos llamados a ser santosy a la plenitud de la Vida en Dios. Leer más

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La Iglesia: misionera de la misericorida

Queridos diocesanos:

Este domingo, 23 de octubre, celebramos con toda la Iglesia la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund. El lema elegido para este año es “Sal de tu tierra”.  En el Jubileo de la Misericordia, el Domund nos invita a cristianos y comunidades cristianas a salir de nosotros mismos, de nuestras fronteras y de la propia comodidad, para ser discípulos misioneros del Señor y poner al servicio de los demás los propios talentos, creatividad y experiencia para llevar el mensaje de la ternura y la compasión de Dios a toda la familia humana. Es una salida que supone un envío y tiene un destino universal.  En virtud del mandato misionero de Jesús, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor.  Ella tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

La pasión y la entrega de todo misionero tienen su origen en el encuentro transformador con Jesucristo, la misericordia encarnada de Dios, que les hace ser portadores de la misericordia de Dios a todos. Quien se encuentra personalmente con Cristo vivo, quien ha experimentado la misericordia de Dios en su vida, se convierte necesariamente en misionero suyo para anunciarle y llevarle a todos; el misionero sabe que Jesús “camina con él, habla con él, respira con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera” (Francisco, EG 266).

2847 LH oct 23 - p3 Obispo

Julia Gómez Pedro, misionera seglar de La Vilavella, en la misión de Hondo Valle (República dominicana) en 1975

 

 

 

 

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Contemplar a Cristo en el Rosario

Queridos diocesanos:

En mi última carta decía que los actos de piedad o religiosidad popular cristiana son también espacios válidos para el encuentro personal y comunitario con Jesucristo. Y uno de estos actos es el rezo de santo Rosario. No cabe la menor duda que el rezo sosegado y devoto del Rosario, hecho en compañía y a ejemplo de María, nos lleva a contemplar el rostro de Cristo, y así a conocerle, amarle y seguirle. Recitar el Rosario, nos dijo San Juan Pablo II, es “en realidad contemplar con María el rostro de Cristo”.

El Rosario es una oración sencilla y profunda a la vez. Rezado con atención, fe y devoción nos conduce a la contemplación del rostro de Cristo, nos lleva al encuentro con su Persona, con sus palabras y con sus obras de Salvación a través de los misterios de gozo y de luz, de dolor y de gloria. Desde la contemplación de los misterios del Rosario llegamos a la Persona misma de Jesucristo. Su rezo se encuadra en el camino espiritual de nuestra Iglesia diocesana, llamada a ser una comunidad evangelizada y evangelizadora con la mirada, la mente y el corazón puestos en el Señor Jesús. Si nuestras parroquias quieren ser presencia viva de Jesús y de su Evangelio en el pueblo o en el barrio, hemos de volver nuestra mirada a Jesús, reencontrarnos con El, contemplar su rostro, para así conocer, amar, seguir y anunciar a Cristo y el Evangelio. Leer más

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La religiosidad popular cristiana

 

 

Queridos diocesanos:

Hace unos meses, los Obispos de la provincia eclesiástica valentina os ofrecíamos unas Orientaciones pastorales sobre la religiosidad popular. Su lectura y reflexión nos ayudarán también a la renovación de la vida cristiana y de las comunidades basadas en el encuentro con Jesucristo vivo.

La religiosidad popular es la expresión de la búsqueda de Dios en cada pueblo de acuerdo con su idiosincrasia y su historia. Surge de la apertura a la Trascendencia, a Dios, propia de toda persona humana. Pablo VI escribió que la religiosidad popular es “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer”. En el ser humano y en los pueblos existe un hondo sentido de lo sagrado, que se expresa de diversas maneras. Leer más

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Comunidades de “piedras vivas”

Queridos diocesanos:

El encuentro transformador con Cristo resucitado es el principio de renovación de la vida cristiana, y también para la renovación de nuestras parroquias para que éstas lleguen a ser comunidades cristianas, es decir, comunidades evangelizadas y misioneras.

San Pedro pide de todos los cristianos este encuentro vivificador con Cristo: “Acercándoos a Él (Cristo), piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo’ (1 Pt 2, 5). La Iglesia y cada parroquia será viva en la medida en que sus miembros sean “piedras vivas”, es decir que vivan unidos, arraigados y ensamblados en Cristo, “piedra viva y angular”; una comunidad parroquial será viva si por sus miembros corre la gracia y la savia de la Vid que es Cristo, que genera comunión de amor y de vida con Dios y comunión fraterna con los hermanos. Este es principio vale para la renovación de toda comunidad eclesial.    Leer más

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El anuncio del Evangelio de la Familia

Queridos diocesanos:

Este curso pastoral está centrado en la proclamación de la Palabra de Dios que propicie el encuentro personal con Jesucristo vivo. Nuestra Iglesia diocesana se propone además anunciar el Evangelio de la familia, porque el encuentro personal con el amor de Dios en Cristo Jesús nos lleva a “experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que ‘llena el corazón y la vida entera, porque en Cristo somos ‘liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento’” (Amoris laetitia, 200).

En efecto: Cristo Jesús nos muestra el rostro amoroso de Dios y el verdadero rostro del ser humano, nuestro origen y destino, según el proyecto de Dios. Somos creados por Dios por amor y para el amor. Distorsionado y obscurecido este designio de Dios por el pecado, en Cristo queda renovada la creación entera; el ser humano y todas las dimensiones de su existencia han sido desveladas e iluminadas en su sentido más profundo por Cristo, y, a la vez, han quedado sanadas y elevadas. Leer más