Presentación e implantación de los Catecismos Jesús es el Señor y Testigos del Señor de la Conferencia Episcopal Española

CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

Escudo_episcQueridos diocesanos todos, hermanas y hermanos en el Señor:

Responsabilidad catequética del Obispo

 

  1. Los obispos somos “los primeros responsables de la catequesis, los catequistas por excelencia” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae [=CT], 63b). La catequesis es una de las tareas básicas del ministerio episcopal (cfr. CT, 12a). De ahí que una de nuestras obligaciones fundamentales al asumir “la alta dirección de la catequesis” (CT, 63c) en la Diócesis sea velar por la autenticidad de la confesión de la fe y por la calidad de los textos e instrumentos que se utilizan (cfr. Directorio General para la catequesis [=DGC], 223).

 

Así lo preceptúa también la ley de la Iglesia: “Siguiendo las prescripciones de la Sede Apostólica, corresponde al Obispo diocesano dictar normas sobre la catequesis y procurar que se disponga de instrumentos adecuados para la misma, incluso editando un catecismo, si parece oportuno; así como fomentar y coordinar las iniciativas catequísticas” (Código de Derecho Canónico [= CIC], can. 775 § 1).

 

  1. De acuerdo con este espíritu, el propósito de la presente Carta-Decreto es ejercer esta responsabilidad. Me brinda la ocasión para ello la aprobación por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española de los catecismos para la iniciación sacramental Jesús es el Señor y Testigos del Señor, que, después de su recognitio por la Santa Sede, han sido publicados el primero en 2008 y el segundo recientemente en este año de 2014. A este propósito conviene recordar la norma universal de la Iglesia: “Compete a la Conferencia Episcopal, si se considera útil, procurar la edición de catecismos para su territorio, previa aprobación de la Sede Apostólica” (CIC can.775 § 2). Es oportuno recordar que ya en mi carta semanal en la Hoja Parroquial de 20 de abril de 2008 establecía que el Catecismo Jesús es el Señor a partir del curso 2008-2009 “deberá usarse en las catequesis para niños entre seis y diez años, según vaya indicando la Delegación de catequesis. Todos hemos de esforzarnos para que sea utilizado en la catequesis como libro de la fe, al servicio de un contenido y un lenguaje común. Los materiales, aun siendo necesarios, nunca lo pueden sustituir”.

 

Con la publicación del nuevo Catecismo Testigos del Señor, para niños y adolescentes de entre 10 y 14 años, se completa la renovación de los catecismos de la Conferencia Episcopal Española según las enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica (1992) y las necesidades actuales en el campo de la evangelización y de la catequesis. Los dos forman el conjunto de textos para la catequesis de iniciación cristiana de niños y adolescentes, que es un aprendizaje de toda la vida cristiana inseparable de los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Testigos del Señor es continuación y ampliación de Jesús es el Señor, el catecismo para los niños de entre 6 y 10 años. A estos dos se une el libro Los primeros pasos en la fe (2006), orientado a despertar la fe de los más pequeños en la familia y en la parroquia y cuyos destinatarios son los niños menores de 6 años.

 

 

Génesis de los Catecismos Jesús es el Señor y Testigos del Señor

 

  1. En 1981, la Conferencia Episcopal Española fijó como objetivo prioritario de la acción pastoral de la Iglesia en España el servicio a la fe de las comunidades cristianas, sin olvidar aquellas situaciones y ambientes que exigen una pastoral prevalentemente misionera. Dentro de este objetivo prioritario, la Conferencia Episcopal consideraba como un servicio imprescindible para despertar y educar la fe de los niños, adolescentes y jóvenes, la elaboración y publicación de catecismos oficiales como instrumentos de apoyo y referencia para todos. La Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis tomó a su cargo la elaboración de los catecismos de infancia, adolescencia y juventud. Los referidos catecismos, que fueron publicados con el respaldo de todos los Obispos españoles, eran los siguientes: Padre nuestro, orientado al despertar religioso de los niños; Jesús es el Señor, dirigido fundamentalmente a la catequesis de iniciación sacramental; y Esta es nuestra fe, concebido como síntesis integral de la fe y culminación de la iniciación de los niños en la fe de la Iglesia.

 

 

  1. Este nuevo impulso catequético es consecuencia del Concilio Vaticano II, que alienta a los pastores a “buscar siempre el modo más apropiado de comunicar la doctrina a los hombres de nuestra época, porque una cosa es el depósito mismo de la fe, o sea sus verdades, y otra es el modo de formularlas, conservando el mismo sentido y el mismo significado” (Constitución pastoral Gaudium et spes, 62b). Juan Pablo II por su parte, en los inicios de su ministerio, dirigió un llamamiento todavía más explícito a las Conferencias Episcopales en la Exhortación Apostólica Catechesi tradendae: “Emprendan, con paciencia, -les dijo- pero también con firme resolución, el imponente trabajo a realizar de acuerdo con la Sede Apostólica, para lograr catecismos fieles a los contenidos esenciales de la Revelación, y puestos al día en lo que se refiere al método, capaces de educar en una fe robusta a las generaciones cristianas de los tiempos nuevos” (CT 50).

 

 

  1. En este itinerario hay un momento especialmente significativo: la promulgación por el Papa Juan Pablo II para la Iglesia universal del Catecismo de la Iglesia Católica, en 1992. Así se expresaba el Santo Padre en la Constitución apostólica por la que se promulgaba este documento excepcional: “De todo corazón, hay que dar gracias al Señor en este día en que podemos ofrecer a toda la Iglesia, con el título de Catecismo de la Iglesia Católica, este texto de referencia para una catequesis renovada en las fuentes vivas de la fe” (Constitución Apostólica Fidei depositum, 1). La naturaleza propia de este documento del Magisterio radica en que se presenta como una síntesis orgánica de la fe de valor universal (cfr. DGC 121). Simultáneamente, una de sus aportaciones más decisivas es “alentar y facilitar la redacción de nuevos catecismos locales que tengan en cuenta las diversas situaciones y culturas, pero que guarden cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina católica.” (Const. Apost. Fidei depositum, 4). El Catecismo de la Iglesia Católica indica cuáles son los aspectos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de adaptar o contextualizar la síntesis orgánica de la fe que todo catecismo local debe ofrecer. Esta síntesis debe responder a las exigencias que dimanan de las “diferentes culturas, de las edades, de la vida espiritual, de las situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis” (DGC 133).

 

En este itinerario no se puede olvidar el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, de 2005, que “es una síntesis fiel y segura del mismo Catecismo  y contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia, de manera tal que constituye una especie de vademécum, a través del cual las personas, creyentes o no, pueden abarcar con una sola mirada de conjunto el panorama completo de la fe católica. El Compendio refleja fielmente, en su estructura, contenidos y lenguaje, el Catecismo de la Iglesia Católica, que podrá ser mejor conocido y comprendido gracias a la ayuda y estímulo de esta síntesis” (Benedicto XVI, Motu propio para la aprobación y publicación del Compendio, de 28 de junio de 2005). Tres son las características principales del Compendio: su estrecha dependencia del catecismo, su estilo dialogal y el uso de imágenes en la catequesis.

 

 

  1. Todos estos aspectos han sido tenidos en cuenta en la elaboración de los nuevos Catecismos Jesús es el Señor y Testigos del Señor. Con ellos la Iglesia en España nos brinda un instrumento valiosísimo para una transmisión de la fe realmente significativa a sus destinatarios.

 

 

El catecismo como libro de fe

 

  1. El catecismo es un instrumento que ha de integrarse en el conjunto de elementos y de acciones que constituyen el acto catequético. Es necesario, pero por si solo es insuficiente. Ofrecer la Palabra de Dios, evocar la experiencia humana, cristiana y eclesial, orar y celebrar la fe, favorecer la conversión y el testimonio coherente de la misma en la conducta diaria son aspectos de un rico y denso proceso que no puede quedar reducido a la presentación del mensaje cristiano recogido en el catecismo. Por ello, el catecismo no agota todos los elementos que forman parte del acto catequético. De hecho, un buen catecismo puede ser anulado en muchos de sus valores si es usado con una deficiente pedagogía de la fe, que lleve al encuentro transformador y vivificador con Jesucristo.

 

La Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica son los documentos doctrinales de base en el proceso de catequización. Sin embargo, siendo ambos los instrumentos primordiales, no son los únicos: se requieren otros instrumentos de trabajo más inmediatos (cfr. DGC 132), entre ellos el testimonio y las habilidades del catequista, el método de transmisión, la relación cordial que se establece entre catequista y catequizando, el respeto paciente al ritmo interior de recepción por parte de éste, el clima de amor y de fe en la comunicación, el compromiso activo de los padres y de comunidad cristiana, etc.

 

 

  1. El catecismo es un instrumento que ofrece, de manera orgánica y sistemática, los elementos nucleares del símbolo de la fe, las actitudes esenciales de la conducta cristiana y la iniciación en la vida sacramental de la Iglesia y en la oración de la comunidad cristiana. Propone, pues, el mensaje cristiano en su integridad, es decir; “la palabra de la fe no mutilada, falsificada o disminuida” (CT 30).

 

 

Catecismo local

 

  1. Según el Directorio General para la Catequesis (1997), son tres los rasgos principales que caracterizan a los catecismos asumidos como propios por una Iglesia local: su carácter oficial, la síntesis orgánica y básica de la fe que contiene y el hecho de ser ofrecido, junto a la Sagrada Escritura, como punto de referencia para la catequesis (cfr. DGC 132). Tales catecismos locales pueden tener un alcance diocesano, regional o nacional (cfr. CIC 775 §§ 1-2).

 

 

  1. El carácter oficial del catecismo local establece una distinción cualitativa respecto a los demás instrumentos de trabajo, útiles en la pedagogía catequética, como es el caso de los textos didácticos, los catecismos no oficiales y las guías del catequista… (cfr. DGC 132). Es legítimo preguntarse si un catecismo oficial debe incluir elementos pedagógicos o, por el contrario, debe limitarse a ser una síntesis doctrinal, ofreciendo sólo las fuentes. En cualquier caso, al ser el catecismo un instrumento para el acto catequético, que es acto de comunicación, responde siempre a una clara inspiración pedagógica y siempre debe transparentar, dentro de su género, la pedagogía divina. Las cuestiones más claramente metodológicas son, ordinariamente, más propias de otros instrumentos (cfr. DGC 132).

 

 

  1. Señalado el valor de los catecismos como instrumentos por excelencia y prioritarios de la catequesis, conviene evocar una idea fundamental expresada por la Conferencia Episcopal en la carta de presentación del Catecismo Jesús es el Señor: “llamamos la atención de cuantos han de utilizar el catecismo Jesús es el Señor, para que llegue a manos de sus destinatarios en su integridad, en su momento oportuno y especialmente en el acto catequético mismo. Sabemos, no obstante, que los catequistas suelen necesitar y utilizar apoyos complementarios en la catequesis (guías para catequistas, materiales didácticos, etc.). Estos, sin embargo, por su distinción cualitativa respecto del catecismo (cfr. DGC 132), en ningún caso han de sustituirlo o suplantarlo” (Carta presentación del Catecismo Jesús es el Señor, 7, 3-7 marzo de 2008).

 

 

 

 

Destinatarios de los catecismos

 

  1. El propósito del Catecismo Jesús es el Señor es exponer íntegramente, para los niños de entre 6 a 10 años, el mensaje cristiano en un lenguaje significativo para ellos. Se ha de tener muy en cuenta que en estos años tiene lugar la primera participación de los niños en los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, verdadero encuentro sacramental con el Señor (cfr. Carta presentación del Catecismo Jesús es el Señor, 4). En nuestra Diócesis, la edad de la recepción de la primera comunión está fijada en torno a los nueve años, es decir, en el tercer curso de Primaria. Por otra parte, la preparación catequética no habrá de ser inferior a los dos años. Por ello, el Catecismo Jesús es el Señor ha de ser considerado como el instrumento idóneo en esta etapa de la iniciación cristiana de los niños.

 

Por su parte, el Catecismo Testigos del Señor tiene como objetivo dar continuidad a la catequesis después de la Primera Comunión, preparar para la Confirmación y, de esta manera, ayudar a profundizar en la fe a los niños y adolescentes de entre 10 y 14 años. Está dividido en cinco partes: Jesucristo es la Luz; Jesucristo es la Palabra; Jesucristo es la Verdad; Jesucristo es la Vida, y Jesucristo es el Camino. También contiene las principales fórmulas de fe y un conjunto de oraciones, además de dar respuestas a 162 preguntas,

 

 

  1. Los Obispos, al concluir el largo y cuidadoso proceso de elaboración de estos catecismos, hemos manifestado nuestro deseo de entregarlo no sólo a los niños y niñas así como a los adolescentes, sus primeros destinatarios, sino también “a las familias, transmisoras de la fe e iglesias domésticas, para el acompañamiento en la educación de los hijos; a los sacerdotes, como responsables y animadores de la catequesis parroquial; a los consagrados e instituciones católicas, para su misión en el ámbito educativo; y a los catequistas que lo utilizarán como documento de la fe en la catequesis. Todos son, de un modo directo y cercano, acompañantes de los niños en su encuentro con Jesús, el Señor” (Carta presentación del Catecismo Jesús es el Señor, 1).

 

 

La catequesis en la infancia

 

  1. La etapa de la vida hasta los seis, a la luz de la fe e, incluso, de la razón natural, se caracteriza por tener la gracia de una vida que comienza, “de la cual brotan admirables posibilidades para la edificación de la Iglesia y la humanización de la sociedad” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Chistifideles Laici, 47). El niño, hijo de Dios por el don del bautismo, es considerado por Cristo miembro privilegiado del Reino de Dios (cfr. Mc 10, 14). Los primeros años de vida representan el tiempo del despertar religioso, de la llamada primera socialización y de la educación humana y cristiana en la familia, en la escuela y en la comunidad cristiana, y por ello hay que considerarlos como un momento decisivo para el futuro de la fe (cfr. DGC 178).

 

 

  1. La Iglesia sabe que los padres y quienes colaboran con ellos, especialmente los catequistas, tienen la obligación y el derecho de educar en la fe a los más pequeños. Por esto les ofrece su ayuda de muchas maneras pero, sobre todo, les pide el testimonio de su vida cristiana. La familia cristiana está llamada a tomar parte viva, activa y responsable en la misión de la Iglesia, de manera propia y original, en cuanto comunidad íntima de vida y de amor e ‘iglesia doméstica’. La familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es acogido, vivido y transmitido y desde donde éste se irradia en la familia y en el entorno. Invitar a un niño a descubrir a Dios es ayudarle a entrar en el camino de fe que realizan los adultos que le acompañan, especialmente los padres. A través de ellos, sus hijos viven la primera experiencia de Dios: al ser amados ellos descubren qué es el amor; al ser perdonados, el perdón; cuando ven compartir, ellos comparten; respetando su libertad les invitamos a vivir y a ser responsables; si oramos con ellos, les vamos descubriendo la presencia de Dios.

 

 

  1. En esta etapa de la vida, la catequesis familiar es, en cierto modo, insustituible, sobre todo por el ambiente positivo y acogedor, por el atrayente ejemplo de los adultos, por la primera y explicita sensibilización de la fe y por la práctica de la misma (cfr. DGC 178). Existen también, por desgracia, como consecuencia del abandono de la misión evangelizadora por parte de muchos padres, niños con carencias por faltarles el apoyo religioso familiar adecuado. Corresponde a la comunidad cristiana suplir con generosidad, competencia y de modo realista estas carencias, tratando de dialogar con las familias y ofreciendo una catequesis parroquial proporcionada a las posibilidades y necesidades concretas de los niños (cfr. DGC 180). Para esta etapa del despertar en la fe en la familia y en la parroquia se ofrece el libro Los primeros pasos de la fe de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española.

 

La catequesis de jóvenes y adultos

 

  1. Antes de concluir con algunas indicaciones de carácter normativo, parece oportuno decir una palabra sobre los materiales de la catequesis de jóvenes y de adultos.

 

Para los jóvenes, además del Catecismo de la Iglesia católica y del Compendio, contamos con el Youcat o Catecismo joven de Iglesia católica, nacido del deseo de traducir el Catecismo de la Iglesia católica al lenguaje de la juventud y llevar sus grandes mensajes al mundo de los jóvenes de hoy, como indica Benedicto XVI en su presentación. Se trata de un catecismo sencillo para acercar a los jóvenes a la fe, que “presenta el mensaje del Evangelio como la ‘perla preciosa’ (Mt 13, 45) por la cual es necesario dejar todo” (Benedicto XVI). Puede ser leído, estudiado y rezado individualmente o en grupo. Su objetivo es ayudar a los jóvenes a conocer lo que creen, a profundizar en la fe de la Iglesia y a estar más profundamente arraigados en la fe, para poder resistir con fuerza y decisión los desafíos y las tentaciones de este tiempo.

 

Para los adultos, y en tanto no dispongamos del catecismo que la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal encargó en su día a la Subcomisión de Catequesis para esta catequesis específica, se recomienda el uso de los materiales preparados por dicha Subcomisión con el título Para dar razón de nuestra fe. Se trata de una propuesta formativa elaborada a partir del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, que permite desarrollar una comprensión orgánica del conjunto de la fe de una forma ágil, sencilla y práctica. Se compone de treinta y tres temas, cada uno de ellos contenido en una manejable ficha de trabajo. Puesto que la compresión de la fe es uno de los objetivos de este material, se han cuidado especialmente los aspectos litúrgico y oracional, con referencias continuas al Misal y a textos litúrgicos y de la Tradición de la Iglesia. Con este material la Subcomisión ha tratado de responder a las sugerencias de los Obispos españoles, que en el documento titulado Orientaciones morales ante la situación actual de España (2006), insistíamos en la necesidad de la formación de cristianos convertidos, convencidos y maduros en su fe.

 

 

Disposiciones normativas

 

  1. Teniendo en cuenta cuanto antecede, especialmente los aspectos teológicos, pastorales y canónicos a los que se ha hecho referencia, y en relación con los Catecismos Jesus es el Señor y Testigos del Señor de la Conferencia Episcopal Española, se establece lo siguiente en la Diócesis de Segorbe-Castellón,:

 

  1. Junto con el Catecismo de la Iglesia Católica, el Catecismo Jesús es el Señor será el texto obligatorio en toda la Diócesis para la catequesis infantil entre los 6 y 10 años, correspondiente a la iniciación sacramental de la Penitencia y de la Eucaristía; y el Catecismo Testigos del Señor será obligatorio para la catequesis de postcomunión y de preparación a la Confirmación de niños y adolescentes entre los 10 y 14 años. Recordamos que el periodo de preparación para la primera comunión y primera confesión así como de la Confirmación no será inferior a dos años.

 

 

  1. Se pide a todos los sacerdotes, y muy especialmente a los párrocos, conocer y estimar estos Catecismos y realizar una tarea seria de profundización y formación de los catequistas en torno a los mismos.

 

  1. Se pide también a los párrocos y catequistas que estos Catecismos lleguen a manos de los niños, niñas y adolescentes, de manera que, junto con la Sagrada Escritura, sea considerado como el auténtico y principal libro de la fe para estas edades.

 

  1. En las sesiones de catequesis, los materiales complementarios de tipo pedagógico no pueden sustituir en ningún caso el uso directo del catecismo por parte de los catequistas y de los niños, niñas y adolescentes. En la Diócesis de Segorbe-Castellón se podrán usar los materiales pedagógicos aprobados y publicados por la Conferencia Episcopal Española o por nuestra Delegación Diocesana de Catequesis, que ha de procurar que esté garantizada su solidez doctrinal y pedagógica.

 

  1. Para la etapa del despertar religioso hasta los seis años se recomienda usar el material catequético elaborado por la Subcomisión Episcopal de Catequesis con el título Los primeros pasos en la fe.

Encomiendo al Señor y a la Virgen de la Cueva Santa la acogida cordial y los frutos pastorales de estas disposiciones y manifiesto la gratitud de toda Diócesis y la mía propia a todos los fieles implicados en la catequesis, padres, catequistas y sacerdotes; a todos os envío mi saludo fraterno y cordial y mi bendición.

 

Las disposiciones normativas entrarán en vigor a comienzo del curso pastoral 2014-2015. Envíese a los interesados y publíquese en el Boletín oficial del Obispado de Segorbe-Castellón

 

Dado en Castellón de la Plana, a trece días de julio del Año del Señor de dos mil catorce.

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Ante mi,

 

Tomás Albiol Talaya

Canciller-Secretario General

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